Ya no lo creo, estoy seguro
De mi locura, digo.
1, 2, 3, 4. No paro de contar mientras espero sentado en el auto. Mi pierna derecha sigue su propio apresurado ritmo sin importarle el dolor del día siguiente. Las manos apretadas contra lo que tengan más cerca. El dolor no cesa.
Si existe alguna manera de decir adiós, no logro decifrarla. Ya soltar algún perdón o ahí estaré para ti no tiene sentido, pues no me produce un remordimiento profundo, ¿o sí?
5, 6, 7, 8. No hay manera de salir del círculo, no la encuentro. ¡Ayuda!