Detrás de la cabeza
Dentro de los oídos.
Desperté con una tormenta en mi lado izquierdo. No es nueva, sólo se mudó de lugar.
La tormenta inunda cada pliegue de paz que tenía hasta ese momento, y la muy infeliz no es pasajera. Por dos semanas y más ha estado arremetiendo en mis laberintos, tirando por los pelos los músculos de la cabeza, perforando nuevos hoyos y volviendo suaves brisas en huracanes asesinos.
Me siento quieto y la escucho hablar. Me cuenta historias de terror con catéteres y sangre saliendo de su boca, atándome a un molde hecho para obituarios. Me dice lo poco que he hecho quedará en eso, que los sueños están hechos humo y el semen es para un drenaje.
Me mete miedo, no lo niego, pero quiero enfrentarla y vencerla.